Me gusta cuando callas porque estás como ausente . Estoy recluido en una clase minúscula una de las primeras tardes de primavera, un día soleado y tibio, en el que los estudiantes normales que cursan sus estudios en horario de tarde aprovechan para tumbarse en el césped, a verlas venir. Ya irán otros. Incluso puedo ver por la ventana un grupo de intercambio balbuceando el español con su profesor al sol. Mientras, en mi pequeña jaula estoy reunido con otros seis individuos escuchando la esperada clase de una eminencia especializada en Historia Antigua, un profesor de pelo blanco y algo nervioso, que se expresa en una lengua no materna. Entre Grecia y Roma y alguna dificultad del idioma procuro aprender de la voz de la experiencia.
Sin embargo, la trabada retórica y la complejidad del tema son dos factores más que propicios para que entre pausa y pausa, vuelta de hoja o sorbo de agua, mi mente se abandone en otros asuntos. Me gustas cuando callas porque estás como ausente. Echo una mirada furtiva a mi vieja mochila viajera, por la que se deja ver parte de la portada de un libro. Veinte poemas de amor y una canción desesperada. Los versos del capitán. La víctima de otro trabajo asesino de Literatura, de esos que programan los chiflados profesores de la materia, que se creen cirujanos del verso, que pueden diseccionar los sentimientos, el alma. Quién puede saber verdaderamente qué es un verso cuando no lo ha escrito, cuando no lo ha sentido, cuando no lo ha creado. No son más que medidas determinadas, temas aproximados, nada. La poesía no está hecha para cirujanos. El profesor inglés bromea con dos individuos sudamericanos que asisten a la clase. Mientras, en mi cabeza se forma el recuerdo de aquello que hablamos no hace mucho tiempo.Me gusta cuando callas porque estás como ausente. Como a alguien le puede gustar tu silencio, mucho menos tu ausencia, como alguien que te quiere te puede decir eso. No es consciente de tal pecado, si no, no osaría haberlo pronunciado. Si tu voz hace merecer este desolado mundo, por qué acallarla. Que insensatez, si tus palabras hacen crecer el alma de quién las escucha. Y entre tus palabras las sonrisas, que hacen trizas la soledad y la tristeza. Para que seguir, no tengo más remedio que aflorar una sonrisa en mi rostro. Espero que el eminente profesor inglés no se de cuenta de esa sonrisa a destiempo y sin a venir a cuento. Ni se entera, prosigue inspirado su clase magistral. Me gusta cuando callas porque estás como ausente, ocho palabras, quince sílabas, cuarenta y una letras forman el archiconocido verso, incrustado en la mayoría de las mentes infantiles educadas de este planeta. No saben por qué, ya ni recuerdan quien se lo enseñó, pero sigue ahí, imperturbable. La mayoría de la gente lo vuelve a dejar donde lo encontró, cinco segundos después de haberlo recordado, en algún rincón húmedo y oscuro de su cabeza. Otros lo retienen un poco más, puede que les gustase. Algunos se preocupan por informarse acerca de quien lo escribió. Unos pocos, y muy a nuestro pesar, nos dedicamos a diseccionarlos. Muy enriquecedor. Me gusta cuando callas porque estás como ausente, te dijo él, pensando que sonaba bien, que era un comentario agudo, inteligente y divertido, que era el momento adecuado para espetártelo, mientras te observaba bastante aburrido escribir de mala gana el horrible trabajo de Literatura, dejémoslo en un informe médico forense detallado de una disección, de una operación a corazón abierto. Una nueva genialidad viniendo de él. O al menos eso cree. Sin embargo, y dejando a un lado el verdadero significado de lo allí expresado, jamás se le hubiera ocurrido, antes de soltarlo, preguntarse durante sólo un segundo a quien pertenecían esos versos, al menos, a que poesía. Eso no importa, de sobra es famosa, por lo que tiene que ser buena. Daba igual que fuera el mismísimo diablo el que lo escribiera a las puertas del infierno, o fuese un exiliado poeta chileno que vivió en este mismo país una época de su vida. No importa, ha quedado como un intelectual.
El profesor inglés se recrea en sus palabras ante los siete alumnos extranjeros que componen la clase. Yo me vuelvo a escapar y pienso en esos versos que están escritos en algún rincón del libro que llevo en mi mochila. Más concretamente es la decimoquinta poesía de amor. Luego veo tu sonrisa, breve, porque tenías prisa por terminar, que a él le ofreciste. Sé que en el fondo daba igual lo que te dijese, ya podía haber recitado el verso mejor escrito jamás conocido, o el mismísimo código legal de Hammurabi en arameo. Para el amor esas nimiedades no importan, esas cosas se olvidan. Sin embargo no puedo dejar de recordar tu rostro cuando me lo contabas, esa mirada perdida, tu voz sesgada, un instante callada y ausente, sólo un instante. No me gustaba. Pero que importaba lo que pensase yo, absolutamente nada. El eminente profesor inglés ha dado la clase por terminada.
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Mechanical ↓
Jota te voy a recetar un poco de siesta porque estos seminarios vespertinos como que no te sientan bien, jajajaa que es broma. Hay que ver como adornas con literatura una aburrida conferencia.
Por otra parte, que razón hay ignorantes que con su prepotencia se permiten decir “no da lugar”, cuando lo que no da lugar ese personaje decadente que se permite el lujo de diseccionar el arte de otros, y ensuciarlo con sus prejuicios y juicios carentes de todo valor. Ya se sabe a palabras necias oidos sordos.
CalheR ↓
Si es que no atiendes en clase, no avanzas eh, no avanzas xDDDDD
Ahora en serio: me ha gustado el texto porque te veo a tí detrás de él. Parece que mezclas mil situaciones distintas de clase, y queda perfe. La de clases de esas que nos hemos tragado, en las que el reloj parece que no se mueve…
yzchel ↓
Me gusta como escribes, no se cual sea tu problema con ese profesor de inglés, pero concuerdo contigo en pensar, que persona que ama puede decir
… Extremadamente machista.
Mechanical ↓
Esto es lo que me gusta del blog, a veces alguien con un comentario reaviva una vieja anotación.
Ahora que lo pienso no encuentro en mi memoria, recuerdo alguno de aquella conferencia, por más que lo intento, por tanto, me pregunto si ese momento fue real o ilusorio, porque perfectamente ese preciso instante podría haber sido inventado por ti. Curioso.
Jota ↓
Es curioso porque resulta que este mismo texto lo leí con una amiga hace unos días aquí en urbino. Es mío, aunque por temas del ultimo cambio de servidor aparezca como de Calher, y la conferencia realmente existió, era de tercero de carrera (thomson, el de los televisores, no se si te acuerdas Mech :).
En cuanto a lo del machismo de Neruda no se que decirte, porque la frase tiene varias interpretaciones y esa es una de ellas. Gracias por tu comentario Yzchel, el profesor era simpatico pero me aburría ;P
Chileno ↓
joder, ME GUSTA CUANDO CALLAS PORQUE ESTAS COMO AUSENTE …ya que lo estudias tanto todo y demuestras tanto interés aun me parece mentira que no sepas que quiere decir el autor con esa frase… madre de dios, cuánta ignorancia y cuánta tonteria …y luego la otra diciendo q es machismo ajajaja, perdonenme, pero me parto el culo.
Ciao.
Jota ↓
Eso tuyo es una interpretación fácil y sumamente simple de las palabras de Neruda. Por otro lado estudio lo justo, lo suficiente como para tener una concepción tan amplia de las cosas como para ver múltiples interpretaciones de las palabras (¿sagradas?) de Neruda. No te vendría mal por tu parte aprender a respetar las interpretaciones y opiniones de los demás, para empezar.
Maca ↓
A veces el silencio vale más que otras palabras.