David Bravo es un abogado que se ha convertido en uno de los mayores referentes de la lucha a favor de las redes P2P y el intercambio de archivos por internet. Si no lo conocéis, dar un paseo por su blog y veréis por qué lo digo.
Hace un tiempo participó en el programa de Canal Sur “Mejor lo hablamos”, en el que también estuvo Ignacio Escolar, el día que se debatió sobre la piratería, y ambos, al menos en mi opinión, dejaron en muy mal lugar al abogado de la SGAE Pedro Farré. Pero bueno, el motivo de este post es que David Bravo acaba de publicar un libro en el que pone por escrito (con brillantez, por lo que llevo leído) sus tesis respecto al acceso a la cultura y el intercambio cultural a través de internet mediante los programas P2P. Frente a los que criminalizan el eMule y derivados por intercambiar (intercambiar, que no bajar) archivos con otros internautas, aquí tenemos una obra que defiende el punto de vista contrario.
La cultura es la vitamina que exige el derecho a la libertad de expresión para que pueda ser ejercido con toda su potencia. Uno de los mejores trucos de las democracias de hoy consiste en dejar plena libertad a decir lo que se quiera a los mismos ciudadanos a los que la televisión les ha cortado la lengua. ¿Qué libertad de expresión tiene el ciudadano que no tiene nada que expresar o que no sabe cómo hacerlo? ¿Qué libertad de elección tiene quien solo sabe elegir qué concursante de Gran Hermano debe abandonar la casa? Derecho formal es como puede llamarse a la libertad de expresión en los tiempos en los que Carmen de Mairena es un ídolo de masas. Es el derecho a dormir en el Ritz del pobre, el derecho a pensar del lobotomizado y el derecho a andar del encadenado. La libertad de crítica a lo establecido sin acceso al conocimiento es como la libertad de disparar sin balas.
Es un libro muy recomendable para, al menos, formar una opinión sólida que no se crea todas las mentiras que salen de la SGAE, para poner las cosas en su sitio y defender un modelo de negocio que respete los derechos de autor pero que no acabe con un derecho fundamental de todos los ciudadanos: el del libre acceso a la cultura. Todos estamos de acuerdo en que los creadores, autores y/o artistas deben ver recompensado su trabajo y protegida su obra. Pero más de acuerdo aún en que el derecho constitucional a acceder a la cultura y un disco compacto que vale 20 no son dos conceptos compatibles. Que las discográficas se inventen lo que quieran, que piensen, que diseñen un modelo distinto, que busquen dinero por otro lado, pero a mí que no me llamen delincuente.
No dejéis de echar un vistazo al libro de David Bravo. Aquí os dejo el enlace a la versión digital del mismo.
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Hay 4 comentarios por el momento ↓
Fëarûth ↓
En la edad media y moderna lo que decía Dios, y por tanto los curas, era lo correcto y verdadero….ahora hemos cambiado a ese Dios por otro mucho más poderoso, la tele, todo lo que salga por ella es totalmente creible y verdadero….en fin…asi nos va.
Mechanical ↓
Por fin alguien versado en leyes que se moja y aporta argumentos a lo que muchos ya pensabamos, que los p2p son legales.
Jota ↓
Me parece maravilloso que exista un alegato serio a favor del libre acceso a la cultura, pero no nos engañemos, ni seamos tan idealistas. La cultura también es un negocio y los productores y creativos de las diversas realizaciones culturales tienen que comer, o si no deja de ser rentable y hay que buscarse la vida en otros menesteres.
Eremita ↓
Está claro que esto de los P2P es algo (como diría camacho) IMPARABLE!!
Parece obvio que las discográficas y distribuidoras tendrán que cambiar su modelo de negocio a largo plazo, lo cual no es tan preocupante como intentan hacernos creer. Lo que pasa es que estaban demasiado acostumbradas a manejar el cotarro a su gusto y esto ha cambiado.