¿Dónde va la vida si está herida?
¿Cómo saber a donde fue el ser al perecer?
Si una vez muerto el iluso corazón,
ya no quedan excusas para la razón.
Nada se hace tan arduo como el frío olvido,
nada se añora tras las ruinas de la mentira.
El postrero día aclara la ceguera de la nimiedad
de aquellas sensaciones que prometían felicidad,
que sólo trajeron los negros sueños de aquello
que sólo reposa debajo del ciprés en el páramo.
Serendipias al convencimiento del vivir,
serendipias por el sendero a seguir.
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