Llegó a mí casi por casualidad. Había visto la película y me había encantado. Empecé a leerlo sin intención de llegar hasta el final, como cuando coges cualquier cosa que está encima de la mesa para echarle un vistazo. Sin embargo, desde un principio me enganchó, creo que en parte por el estilo literario de Javier Cercas, en parte por conocer el argumento por la película, y en parte por ir encontrándome, de vez en cuando, con una serie de perlas que me hacían seguir con interés. En ese sentido el libro se parece mucho a la película. El estilo es bueno de por sí. Como esa lluvia que parece poca cosa pero te va calando, así te vas introduciendo en la historia de esta novela (o relato real o relato de la vida real o como quiera llamarlo el autor), casi sin darte cuenta. Y de cuando en cuando, alguna joya, en forma de párrafo genial en el libro, o de escena inolvidable en la película. Y también bastantes pasajes de profunda reflexión, que invitan a seguir pensando mientras uno sigue sin despegar el ojo del libro gracias al verbo ágil de Cercas.
He de decir, de paso, que la adaptación cinematográfica de David Trueba es una de las mejores que he visto. Conserva intacto el espíritu del libro, que es lo más difícil en estos casos. Cambia cosas que no van más allá de lo secundario (como el sexo del personaje protagonista) y a todo le añade un manejo espectacular del pulso narrativo y unas escenas que pasarán al recuerdo del cine español. El episodio del soldado que, en una tarde fría y lluviosa, se pone a bailar Suspiros de España agarrado a su fusil adquiere una lírica sublime en la película de Trueba, gracias a una estética que sólo se puede alcanzar en un medio visual. Algo parecido pasa con esa otra gran escena en la que el anónimo soldado le perdona la vida a Sánchez Mazas. ¿Para qué matar?
El libro, sin ser una obra maestra (el final-final es algo blandito), deja unas páginas insustituibles con la entrevista última entre el escritor y el soldado Miralles, un personaje con mayúsculas. Trueba acertó al elegir a Joan Dalmau para representarlo, y acertó más aún al no cambiar casi ni un ápice de su monólogo final, cuando recuerda a sus amigos muertos en la guerra, el momento culminante del libro:
A veces sueño con ellos, y entonces me siento culpable: les veo a todos, intactos y saludándome entre bromas, igual de jóvenes que entonces, porque el tiempo no corre para ellos, igual de jóvenes y preguntándome por qué no estoy con ellos, como si los hubiese traicionado, porque mi verdadero lugar estaba allí; o como si yo estuviese usurpando el lugar de alguno de ellos; o como si en realidad yo hubiera muerto hace sesenta años en cualquier cuneta de España o de África o de Francia y estuviera soñando una vida futura con mujer e hijos, una vida que iba a acabar aquí, en esta habitación de un asilo, charlando con usted [ ] Nadie se acuerda de ellos, ¿sabe? Nadie. Nadie se acuerda siquiera de por qué murieron, de por qué no tuvieron mujer e hijos y una habitación con sol: nadie, y menos que nadie, la gente por la que pelearon. No hay ni va a haber ninguna calle miserable de ningún pueblo miserable de ninguna mierda de país que vaya a llevar nunca el nombre de ninguno de ellos. Lo entiende, ¿verdad?
El protagonista de la obra se pregunta a veces qué es un héroe, quiénes son los héroes. Responder es complicado, pero seguramente Miralles lo fue, y también sus amigos, aunque nunca los hayamos conocido.
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Jota ↓
Hace algún tiempo pude leer esta obra, atraido por el éxito que tuvo, y la verdad es que sí que tiene puntos magistrales. La película aún no la he visto, pero me alegro de que haya representado dígnamente el trabajo literario de Javier Cercas, aunque haya cambiado algo de la historia, siempre para el buen funcionamiento de la narración cinematográfica.
Por otro lado creo en el mensaje del libro, y el recuerdo omitido a aquellos hombres que con más o con menos razón fueron tan buenos guerreros como los fascistas, empieza a escocer en las mentes de los españoles. Los olvidados que lucharon sin éxito por la izquierda, por la república y por la democracia tanto en este país como en Europa y Äfrica, merecen una consideración y una memoria histórica. En Francia algunos de ellos tienen calles y son considerados héroes.
Ya saben lo que dicen.La historia la escriben los vencedores.
Jesu ↓
Pues yo me lo tengo que leer y todavía ni lo he tocado. :S Espero que sea tan bueno como lo pintáis.