Cabe preguntarse si durante el reinado de Luis XIV, el poder monárquico y la figura del rey eran verdaderamente respetados y sacralizados. Para responder a esta cuestión debemos mirar en la historia hacia el momento en el que nace Luis XIV. Este no fue el nacimiento de un rey más, se podría afirmar que estuvo rodeado de unas circunstancias que para la época tuvieron un carácter especial.
Para ello citaré al historiador Peter Burke que en su obra La fabricación de Luis XIV aborda la obtención del poder político y su conservación. En cuanto al nacimiento y el comienzo del rey Luis XIV dice lo siguiente:
La preocupación por la imagen de Luis se manifestó desde su nacimiento, celebrado en toda Francia con hogueras y fuegos artificiales, repique de campanas, cañonazos y solemnes Te Deum, y conmemorado con sermones, discursos y poemas, entre ellos versos latinos del filósofo italiano Tommaso Campanella, exiliado en Francia, en los que se refería al recién nacido como una especie de Mesías en cuyos tiempos volvería la Edad de Oro.
De hecho, la concepción de un heredero del trono y el primer movimiento de la criatura en el seno materno ya habían sido objeto de celebración, tanto más entusiasta cuanto que en 1638 parecía en extremo improbable que Ana de Austria y su esposo Luís XIII llegarían jamás a engendrar un hijo. Por esa razón se aplicó al niño el epíteto de diosdado, Louis Le Duidonné.
Esto nos demuestra que tanto en el ámbito de la corte como en el pueblo en general desde el principio el rey Luis XIV fue una figura honrada y apreciada, la cual estuvo siempre rodeada de un status de deidad humana que no hacia más que elevar al máximo exponente su poder absoluto sobre Francia.
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