Ayer comenzó una nueva Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York. Como siempre, con muchos temas que tratar, muchos intereses opuestos y pocas posibilidades de que las cosas se solucionen. Se inició con el esperado enfrentamiento entre Bush y Ahmadineyad. El presidente americano acusó a Irán por su ayuda a Hezbollah y su programa nuclear:
Sus gobernantes han elegido negarles la libertad y utilizar los recursos de su nación para financiar el terrorismo y alimentar el extremismo y procurarse armas nucleares
Ahmadineyad se defendió con dureza, acusó a Estados Unidos de tener antecedentes nucleares y replicó:
Todas las actividades nucleares de Irán son transparentes y pacíficas y se desarrollan bajo los ojos de los inspectores del Organismo Internacional de la Energía Atómica”
Kofi Annan (discurso completo) señaló que el mayor desafío, sin embargo, viene de Darfur. Y muchos esperan que este sea el tema más importante en los próximos días.
Tristemente, una vez más, el mayor desafío procede de África, de Darfur, donde el espectáculo continuo de los hombres, mujeres y niños obligados a huir de sus hogares por miedo a los asesinatos, las violaciones y la quema de sus pueblos deja en ridículo nuestra exigencia, como comunidad internacional, de proteger a las personas de los peores abusos.
Bush sigue pidiendo con insistencia el envío de una fuerza de paz internacional, a lo que Omer al-Bashir, presidente de Sudán, se sigue negando con rotundidad.
Nada nuevo, pues, en la apertura. Veremos si se avanza algo o todo sigue igual.
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Jota ↓
El presidente de Irán defenderá su postura con uñas y dientes para acabar poseyendo el poder bélico de la energía atómica, principal preocupación de la ONU, que despide a un digno secretario general, que aunque envuelto en asuntos oscuros por culpa de cierto programa en cierto país con cierto hijo, ha llevado las riendas de la organización de manera acertada durante toda una década. Darfur, es secundario, más cuando el presidente no quiere saber nada de ver cascos azules por la calle. Ah, se me olvidaba, tampoco tienen energía nuclear.
CalheR ↓
Lo malo de ser Secretario General de la ONU es que es un puesto muy rimbonbante con un poder nulo. Él puede promover una política determinada con todas sus ganas, defender a capa y espada que hay que intervenir en tal sitio o en tal otro, pero si luego llega Rusia, o China, o Francia, o Gran Bretaña o Estados Unidos y lo veta, nada que hacer.
Es un puesto complicado, aunque goloso, según parece.