El Senado de los Estados Unidos aprobó ayer una ley que, debiendo servir para contrarrestar la amenaza del terrorismo, nos acerca más a los países de nula tradición democrática y respeto por los derechos humanos a los que tanto criticamos. Una ley que aprueba la tortura, elimina el habeas corpus y deja en entredicho la Convención de Ginebra. Una ley que nos aleja de la civilización de la que ayer hablábamos. Una ley digna de Arabia Saudí, no de Estados Unidos.
La ley, que ya marcha hacia la Casa Blanca, autoriza al Presidente a secuestrar ciudadanos americanos como combatientes enemigos, incluso si nunca han salido de los Estados Unidos. Y una vez lanzados a una prisión militar, no pueden aspirar a un juicio con sus pruebas ni ninguna otra de las protecciones normales de la Carta de Derechos. [The White House Warden]
Una ley que, además, deja la separación de poderes en papel mojado y otorga al ejecutivo un poder absoluto en la detención de presuntos terroristas.
¿Crees que los oficiales de la Administración serán capaces de de identificar, precisa y adecuadamente a los llamados combatientes enemigos, de separar los realmente malos de los que estaban en el lugar equivocado y en el momento desacertado? ¿Quieres que tus legisladores abdiquen completamente de su responsabilidad de asegurar que existen controles y equilibrios sobre el poder ejecutivo incluso en este tiempo de terror? Para el Congreso, la respuesta es sí señor. [This time, Congress has no excuse. Bench Conference]
En Noviembre habrá elecciones legislativas. Y la Corte Suprema aun puede invalidar la ley, como ya ha hecho en otras ocasiones.
¿Irá esto a peor o habrá un cambio pronto?
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