Los estamos viendo, leyendo, analizando y otros por desgracia lo están padeciendo. Con la llegada del siglo XXI los viejos fantasmas de las atrocidades en forma de regímenes totalitarios, siguen sin querer desaparecer.
Tras la muerte de Pinochet no debemos cerrar el debate, simplemente en torno al toma y daca de los pinochetista y los antipinochetista en Chile, que tanto están difundiendo todos los medios. Es obvio, que es una situación tensa y no es plato de gusto que en un país avanzado como Chile, se divida a estas alturas por un dictador fallecido a los 91 años. Soy consciente de que la dictadura de Pinochet, a parte de durar 17 años (1973-1990), en la creó una especie de gestapo para ajusticiar y eliminar a la gente de izquierda, dejando tras su paso más de 3000 muertos, y un número de desaparecidos, algo que difícilmente se puede asimilar de una forma políticamente correcta. Sin embargo, desde donde esté (algunos dicen que en el infierno) Pinochet se estará riendo agusto, viendo como Chile se pelea por defender u olvidar a un sanguinario como él.
Pinochet fue un dictador frío, meticuloso, de una voz chillona que desprendía odio y desprecio hacia la democracia, la libertad y sobre todo a la raza humana. Por eso su muerte, ha sido reconocida a nivel internacional como una buena noticia. Y esto se debe a que era un dictador excesivamente castrense, centrado en pasar por un cuchillo silencioso a toda aquella oposición, fuera de la tendencia política que fuera. De hecho, no se despeinó al ordenar un atentado mortal contra su mano derecha. Mientras en lo económico obtuvo cierto éxito, gracias a la inestimable ayuda de Estados Unidos y de Margaret Thatcher “la dama de hierro”.
Es por todo esto que la definición de dictador sin marketing, que he encontrado en un artículo de opinión del correogallego.es, me parece bastante acertada. C. L. Rodríguez hace una comparación entre la figura de Castro y la figura de Pinochet, donde el cubano, pese a ser otro tirano sanguinario, se ganó durante años el beneplácito de la intelectualidad occidental (principalmente de izquierdas):
De nada vale intentar una evaluación objetiva de las dos dictaduras. La razón que explica la popularidad de castrismo frente al pinochetismo es que el cubano es un totalitarismo moderno que sabe aprovechar el poder de los gestos, las poses y las apariencias. Castro entendió a la perfección la ingenuidad del intelectual occidental, que sólo pide para estar contento un menú que combine el antiamericanismo, el romanticismo guerrillero y la nostalgia revolucionaria.
Por tanto, muerto Pinochet y tal vez muerto Castro, creo que va siendo hora de pasar (que no olvidar) la página del siglo XX, y arremangarse porque queda mucho trabajo por hacer en nuestro tiempo.
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Acyd ↓
Encuentro que lo estas viendo desde una perspectiva muy negativa… Estamos de acuerdo en que fue un satanas, que provoco odio, que fue un simbolo contra la democracia… pero tambien hay que pensar que fue un dictador que saco a Chile de la pobreza por las cagadas que se mando el Allende.
Desde mi punto de vista el debio haber estado 5 años como maximo en el poder y habria quedado como un heroe, pero paralelamente a su gorbierno le gusto estar arriba y cometio cuanto crimen quiso.
En general te digo que hay que verlo desde un punto medio. No se si te guste mi opinion o no pero ahi va.
Saludos.
Mechanical ↓
Siempre nos gusta que comentéis, de eso se trata. Es cierto lo que dices Acyd, Allende hundió en la miseria económica a Chile, al implantar un sistema económico socialista, nacionalizando los recursos del país, y eliminando el libre mercado. Según tengo entendido los salarios eran buenos, pero no se podía comprar nada porque el país sufría un gran desabastecimiento, hasta ahí de acuerdo.
Pero no creo que la buena marcha de la economía de un país sea pretexto para una dictadura y para el asesinato selectivo de X número de personas por su ideología.