Según Amnistía Internacional, desde el año 2000 sólo en dos países ha tenido lugar la práctica de la lapidación. Uno es el caótico Afganistán. El otro es la pacífica, respetuosa, tolerante y democrática República Islámica de Irán. ¡Qué sorpresa! Que ese país tan avanzado, liderado por gente tan laica y librepensadora mantenga una práctica tan bárbara.

El mismo país que, último reducto de la libertad de expresión, acoge a todos los negacionistas del mundo para que se explayen durante una semana diciendo una y otra vez que el Holocausto no existió, que fue un invento occidental para favorecer la creación del Estado de Israel y quitarle al Islam parte de su territorio, como parte de un plan judeo-masónico para expulsar al Islam de la faz de la tierra.
Y allá van una pandilla de mamarrachos aburridos y dicen cosas como que Irán nos ha dado una lección de libertad de expresión.
Serge Thion, de 64 años y antiguo investigador del Centro Nacional de Investigación Científica de París [...] Thion piensa que el presidente iraní, Mahmud Ahmadineyad, “ha hecho soplar vientos de libertad” al poner sobre el tapete el Holocausto. “Parece mentira que los iraníes nos tengan que dar lecciones de libertad de expresión”
Pues quédate allí un tiempo, campeón, y ejerce tu nuevo derecho en toda su potencia. A ver cuánto duras.
Las verdaderas lecciones, en fin, nos las están dando un grupo de gente que sale a la calle y se manifiesta en contra de la lapidación. Éso sí que tiene mérito, en un sitio donde si eres mujer y te violan lo mejor que te puede pasar es que tu familia te repudie. Porque lo normal es que uno de esos jueces librepensadores te coja y te condene a muerte. Por puta.
Eso sí que es una país civilizado, y no los nuestros.
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