El transporte público puede que no sea ni muy glamouroso ni tampoco muy cómodo, pero le permite a uno filosofar durante el trayecto. En esa situación me suelo encontrar a menudo, pero hoy he caído en un pensamiento-idea que me gustaría transmitiros.
A día de hoy, personajes como House o Risto Mejide se están convirtiendo en la sensación de la temporada. Llaman la atención por su actitud socarrona y cortante de entender la vida. No se cortan ni un pelo a la hora de decir lo que realmente piensan o quieren transmitir. Superan sin pudor las absurdas barreras no escritas de la sociedad, que hacen que muchos se enmascaren y se dejen llevar por lo políticamente correcto. Este tipo de actitud lo inunda todo de una manera enfermiza. Mucha gente ha olvidado que ser sinceros no es algo negativo. Por tanto, este personaje de ficción y este personaje real, se convierten en los adalides de la actitud que le gustaría a algunos adoptar en la vida, y no lo hacen por miedo, fundamentalmente.
Sería una imbecilidad por mi parte obviar el hecho de que realmente existen ciertas barreras, que nos impiden ser al 100% nosotros mismos, ya sean motivos: laborales, personales, económicos, religiosos, legales, etc., el abanico es muy amplio. Sin embargo, me niego a pensar y actuar de esa manera tan pacata. La vida es demasiado corta para adoptar el papel de perro fiel y sumiso, incapaz en algunas ocasiones de desarrollar su personalidad, su ego y su autoestima por las cortapisas interpuestas por los demás. Una cosa es actuar con libertad de acción, y otra cosa es atacar a los demás. Está claro que existen muchas formas de decir las cosas, y ahí es donde entran en juego la educación y el sentido del ingenio, sazonado con el dominio de la lengua materna.
Algo que realmente me hace gracia, es ver como la gente ya sea en un aula universitaria, en una conferencia o en cualquier otro ámbito guarda silencio. Cuando se ofrencen los turnos de palabra, mucha gente se deja amedentrar por el miedo escénico y por el qué diran. Y para entender esto, hay que echar un vistazo a nuestra cultura. En España creo que sigue pesando en exceso, la psicología del miedo que tan buenos resultados le dieron a la dictadura de Franco, por ejemplo. Una población cohartada, amordazada por la censura, las doctrinas de la Iglesia católica y la fuerza militar. En esto me aventuro a decir que desgraciadamente varias generaciones después ese síndrome de Estocolmo sigue grabado a fuego en las mentes españolas. Tampoco es cuestión que la vida diaria se convierta en un debate continuo, en una tertulia de verborrea incontenible, pero tampoco es aceptable el silencio cual estepa siberiana. En este aspecto, la blogosfera poco a poco va sirviendo de instrumento de desahogo de la población. De algún modo, cumple una misión de espacio de libertad, donde expresar lo que se desea transmitir, sin miedos, sin miradas inquisitorias. En definitiva, se trata de la transmisión de unas inquietudes de caracter humano.
Por otra parte, resulta igualmente singular el hecho del auge de los videojuegos y de las experiencias de vida artificial como es el caso de Second Life. Estas herramientas del ocio tecnológico amplian el marco de actuación, de todos esos factores, actitudes, ideas, etc. que viven reprimidas en los individuos. Se trata de este modo, de una sub-cultura o sub-sociedad, donde muchos individuos son realmente ellos, a través de la transferencia de unas características centralizadas en una figura virtual, que no es otra cosa que la representación del ego.
Como conclusión, queda claro que para vivir en una sociedad más activa y menos falsa es necesario que los individuos sean competentes emocionalmente.
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Adrian ↓
El viaje en transporte público te da para una gran reflexión, yo hace algún tiempo tb lo cogía y reflexionaba, no es lo mismo que ir en coche que al menos a mi la radio ya me entretiene y me distrae de los avatares diarios. En cuanto a la reflexión decirte que tienes razón que en este país se piensa demasiado, estoy contigo, sino pensaramos tanto seriamos un poco más felices, que pa dos días que estamos aquí y con el pollo que hay montado en el mundo como para vivir pendientes de todo, normal que estemos saturados. Por lo que respecta a los personajes pq yo creo que ambos estan ceñidos a un guión que la tele es la tele, y tanto house como Risto se ciñen a un show, unos con un guión más preparado que otros pero al fin y al cabo forman parte del show. De todas formas sigue cogiendo el transporte público que se te da bien.. Saludos!!
migugat ↓
Mechanical (también conocido como el chico de las preguntas), si algo nos dejaste claro en el EBE06 es que le miedo escenico es algo que no va contigo :-)
Fëarûth ↓
Bueno está claro que lo de House y Risto es cosa de show y tele. Estoy convencido que en la vida real ya se abrian llevado más de un… sopapo ;)
CalheR ↓
Totalmente de acuerdo con Fearuth. A House le habrían dado ya unas cuantas palizas.
Por otra parte, estoy de acuerdo contigo a medias:
Su personalidad bien. Pero, ¿su ego? Yo entiendo que si hay algo que decir, si puedes aportar algo, lo hagas. Pero si no, ¿para qué?
Si estás en una conferencia o en una clase universitaria tienes que entender que no estás solo. Por tanto, cualquier cosa que digas debería cumplir una doble función: satisfacer una duda que tengas o un comentario que quieras a hacer y a la vez servir a los demás. Por eso decía antes que si no hay nada que aportar es mejor no aportar nada. El ego de uno no debería llevarle a hablar en lugar público por el simple hecho de mejorar su autoestima. Si todos lo hiciéramos daríamos cinco minutos de clase y estaríamos 55 minutos discutiendo tonterías para satisfacer nuestros egos y poder decir: “oh, qué bien, cuánto he intervenido”.
Así lo veo yo, por lo menos. Para satisfacción de egos y personalidades están las tutorías y los lugares privados.