Julián Casanova, catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Zaragoza, publica hoy un artículo en El País en el que dice cuatro cosas muy bien dichas sobre la universidad española. Cosas que se deberían tener en cuenta, que parecen fáciles y obvias, pero que normalmente se ignoran.
Los problemas están claros: no hay competencia entre los profesores. Son funcionarios:
Las universidades españolas no necesitan competir para conseguir los mejores profesores o estudiantes. La mayoría de los profesores somos funcionarios con puesto vitalicio.
Se exige muy poco a los estudiantes:
Los estudiantes y el sistema educativo tampoco nos exigen mucho. Para una buena parte de los estudiantes, la universidad es una continuación del Bachillerato: hacen decenas de exámenes, con varias convocatorias para aprobar una asignatura, raramente intervienen en seminarios o debates orientados por profesores y pueden acabar la carrera sin haber escrito un trabajo académico. [...] Un estudiante que obtiene una licenciatura debería ser capaz de pensar con claridad y escribir con precisión. Debería tener una apreciación crítica de cómo obtener los métodos del conocimiento científico, sea para comprender el universo, la sociedad o las personas que nos rodean. No debería ignorar otras culturas y otras lenguas, uno de los grandes retos de los universitarios españoles para competir fuera de nuestras fronteras. Y debería adquirir especialización o formación profesional en algún campo de conocimiento.
Y encima, todo el mundo quiere tener la suya:
Ahora recogemos también los frutos de una idea asombrosa y peregrina, defendida con ahínco por los alcaldes y políticos locales en las últimas décadas: cada capital de provincia debía tener su universidad, con campus, si era menester, en otros pueblos de la región. Lo de menos era saber si podía haber en esos lugares buenos profesores, buenas bibliotecas y laboratorios y estudiantes en el futuro. La mirada era siempre a corto plazo, para obtener beneficios políticos inmediatos, con un desconocimiento absoluto de lo que significaba organizar una universidad.
Algunos de estos problemas se solucionarían con un eurocrédito bien aplicado, cuestión ésta para la que hace falta darle un reciclaje a más de un profesor y no quedarse sólo con lo malo.
Está bien el artículo, leéroslo entero si podéis y nos dáis vuestra opinión.
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Alcoyano ↓
Se nota que el que escribe es catedrático de Historia, porque al menos en mi universidad la carrera se reduce a dos cosas: estudiar para el examen y conseguir (o tener) unos buenos apuntes. Nada más.
Estoy de acuerdo en que poco ha cambiado desde el bachillerato, y para mí la única explicación -aunque impopular- es que es demasiado fácil entrar en la Universidad. En cualquier otro país, ser universitario es poco menos que un privilegio; aquí, en cambio, es sinónimo de juerguista que va a pasar los mejores años de su vida de fiesta en fiesta para después enfrentarse a la dura realidad del mercado laboral.
CalheR ↓
En nuestra universidad (la Pablo de Olavide) estamos en plena implantación del Eurocrédito, o el Plan de Bolonia. Consiste básicamente en menos clases presenciales, menos importancia del examen final y más trabajo activo por parte del alumno, y a lo largo de todo el curso, no concentrado en unas fechas.
Tiene sus problemillas, pero me parece mejor que el antiguo.
Sobre lo que dices de las fiestas y tal, totalmente de acuerdo. El primer problema, de base, es que la universidad no se valora.
MiRi ↓
Es cierto que es fácil entrar en la “Universidad”. Lo pongo así, en genérico, porque mientras que acceder a la universidad no es difícil, sí puede serlo a la carrera que eliges estudiar. Lo de las “notas de corte” se da en pocos sitios. En Francia no existe, por ejemplo. Si quieres estudiar medicina, aquí te piden un 8. Allí te apuntas y ya está. Creo que esto de las notas de corte no es la mejor manera de seleccionar a la gente que accede a la universidad, por una razón: En la carrera que estudié, Ciencias Ambientales, cuando yo entré pedían un 7,25. No es poco, pero en otras carreras, como medicina o fisioterapia la nota de corte rondaba el 8. ¿Resultado? Pues que dentro de ambientales tenían un chorro de gente que se había metido porque no había entrado a la que era su vocación, medicina o fisioterapia. Solían constituir este grueso de estudiantes que está allí por estar, aprobando a la quinta convocatoria y sin interesarse ni participar, como dices, en los debates. ¿Por qué? Porque la carrera no les interesaba un pimiento. Por eso mismo.
Quizás deberían hacer exámenes selectivos diferentes para cada carrera, que te los tengas que preparar. Así sólo lo harás si te interesa. Pero, aparte de los problemas que cita este profesor, creo que el principal problema de la universidad española es el planteamiento de base, el de “colocar” a la gente, no en función de sus intereses ni los del mercado, sino por el método del “rebote”, el que no puede aquí que haga otra cosa, le interese o no.
Saludos,
Miri