Alertaba el diario inglés The Guardian, hace un tiempo, sobre el peligro que correrían muchos yacimientos arqueológicas iraníes en un eventual ataque americano, y es que muchas de las instalaciones nucleares de Irán están peligrosamente cerca de sitios como Natanz, Isfahan, Persépolis o la tumba de Ciro el Grande.
Naturalmente, si esos ataques se produjeran, y si finalmente dañaran los yacimientos, el régimen iraní tardaría bien poco en acusar a los yankies de cargarse su cultura, y tendría un elemento más de condena que apuntarse. Pero, en fin, para que eso pasase tendrían, obviamente, que atacar los americanos. Y Ahmadineyad ha decidido que de eso nada, que él solito se basta y se sobra para poner en peligro Persépolis, y otros muchos sitios, sin ayuda de Bush: se ha puesto a construir una presa a treinta kilómetros de allí, y ya la está llenando de agua contra el consejo de arqueólogos y especialistas. La presa inundará parte del Camino Real entre Susa y Persépolis, se llevará por delante varios yacimientos y pondrá en peligro la propia ciudad, la antigua capital de los persas y una verdadera joya arqueológica, por la humedad que se va a generar. Este hombre es un verdadero prodigio.
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