Parece que, al ritmo que lo hace el verano, asoman de nuevo tambores de guerra sobre Oriente Medio. Esperemos que, al contrario que el año pasado, estos días de rumores y amenazas no desemboquen en otro conflicto, pero teniendo en cuenta los antecedentes de la región, más nos vale ser cautos.
Seguro que ya tomos estamos al tanto de la que se ha liado en el norte del Líbano. Un grupo terrorista, llamado Fatah al-Islam, se fue introduciendo lentamente en el campamento palestino de Naher el Bared, hasta hacerse con su control. ¿Sus objetivos? Los de siempre: convertir Líbano en un estado islámico, aplicar la Sharia y destruir a Israel. Y, por el camino, causar el caos en Beirut con un atentado de los grandes.
Pero esta vez saltó la alarma: este grupo tenía, al parecer, el apoyo de Al-Qaeda. El gobierno libanés, tan poco presto el verano pasado a intervenir en el embrollo, se puso enseguida manos a la obra, y en ello sigue. Ha habido 104 muertos hasta el momento, según El País. Aunque el campo ya está prácticamente evacuado, entre las bajas de los primeros días de combate sí hubo que contar muchos civiles.

Así luce el campo de refugiados que ahora es campo de batalla.
En cualquier caso, Naher el Bared no es el único foco de tensión. Días atrás sabíamos que en otro campo del sur del país también aparecía el mismo conflicto. Es la nueva estrategia de Al-Qaeda para el que sigue siendo, a pesar de todo, el país musulmán más abierto y democrático de Oriente Medio.
Lo malo –o lo peor- es que no sólo Al-Qaeda anda metida en esto, como El País reconoce (al final de la noticia):
Ayer mismo fue descubierto en un control militar en la Bekaa un camión procedente de Siria cargado de ametralladoras, cohetes, rifles automáticos y municiones. El Gobierno, que no ha dado muchas explicaciones, asegura que la carga estaba destinada a “prolongar la lucha” de Fatah al Islam, el grupo que combate en el campo de Naher el Bared.
El martes, en la misma zona, fueron capturados poco después de infiltrarse en el país ocho milicianos armados de origen sirio, iraquí y sudanés. La mayor preocupación tanto del Gobierno como de los ciudadanos es el interés de Al Qaeda por desestabilizar Líbano. “No creo que vuelva a estallar una guerra civil generalizada como la que vivimos [1975-1990], pero hay una amenaza cada día más palpable de miniguerras entre los partidos y de explosiones, atentados y todo tipo de violencia”, afirma Yamil, de 47 años y médico naturista.
Y si bien este médico naturista no lo cree, sí parece hacerlo el parlamentario sirio Muhammad Habash. Quién sabe si por alarmar, por llamar la atención, o por decir la verdad, pero el hombre dijo que su país se está preparando activamente para una guerra con Israel el próximo verano.
Suena a farol, pero cuidado: hablamos de Oriente Medio.
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