Mientras la ONU sigue lanzando a Israel todas sus acusaciones, toda la culpa de cuanto de malo ocurre en Palestina, Hamas ha conseguido hacerse con la franja de Gaza. Sus banderas verdes ya cuelgan de los edificios más emblemáticos de la región, y con ellas ondeando, lanzan su pacífico mensaje: “la justicia islámica ha llegado”. Fabuloso.

Herman Tertsch resume bien la situación, hoy, en ABC:
Pero el factor más importante del drama está en que se sella el naufragio de la idea del Estado palestino en sí como ente capaz de convivir con Israel. La propuesta de dos Estados en un territorio, tanto tiempo negada por Israel, ahora que el Estado judío la considera axioma para su seguridad, es cuestionada por el cuerpo social palestino. No sólo por Hamás. Tanto este partido islámico como la propia Al Fatah o grupos en Líbano que se han lanzado a la desestabilización del gobierno, han dejado de querer un Estado palestino para convivir con Israel. Creen que la ola de la historia les favorece y ya defienden una lucha sin cuartel hacia un único Estado que sellaría, por supuesto, la desaparición de Israel.
Y advierte sobre la indiferencia de todo el mundo hacia la oleada de violencia que hemos vivido estos días:
El fantasma hacia el que se inclina el espejo cada vez más es el de una región en la que el hundimiento occidental, jaleado por tantos en Occidente, acabe por convencer a todos de que Israel fue un accidente. En los países árabes y en Palestina esta idea ha ganado adeptos de forma vertiginosa en pocos años. Muchos trabajan en el mundo por imponer esta idea, el mayor apaciguamiento intelectualmente perceptible, también en aquellos círculos que no fomentan el odio sino mera indiferencia hacia Oriente Medio.
Este cambio profundo cualitativo en el proyecto general de fuerzas capitales del islamismo y sus aliados desde Gaza a Irán, pasando por Londres, Estambul, Madrid o Caracas, es por supuesto negado por los profesionales de dicho apaciguamiento, cuyos campeones tenemos en casa.
No es el único que opina así. Desde MidEastWeb, la conclusión es la misma: la victoria de Hamas ha convertido en ruinas el proyecto de los dos estados.
La solución, cada día más lejos.
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Malandrín ↓
“Parece” que hay que darle la enhorabuena a Al Fatah por el logro de su determinación en asumir un poder que legitimamente por las urnas y como fuerza más votada le corresponde, cosa que se le había negado.