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Esperanza Aguirre y la globalización

Escrito por CalheR el 1 de Agosto de 2006 · Sin comentarios

En la tribuna libre de la edición de hoy de EL PAIS, Esperanza Aguirre trata de argumentar a favor de la globalización. Digo que trata porque realmente no argumenta demasiado; se limita a ofrecer datos que apoyan su visión. A pesar de eso, todos los datos que ofrece son ciertos, como estos:

Existen numerosos ejemplos de cómo la globalización ha sacado de la miseria y de la pobreza a cientos de millones de personas. Y la India y China, cuyas poblaciones suman alrededor de 2.400 millones de personas (es decir, casi las dos quintas partes de la Humanidad), son quizá los dos principales de ellos. Desde 1978, cuando China comenzó a abandonar el modelo económico comunista y a abrir sus mercados, su PIB se ha multiplicado por 10, y hoy crece a un ritmo del 10% anual acumulativo. En cuanto a la India, que comenzó a liberalizar su economía en 1991, basta decir que en los últimos 10 años ha multiplicado su PIB por dos, con una media de crecimiento anual por encima del 7%. Y algo muy parecido ha ocurrido en otros países asiáticos como Indonesia, Malasia, Tailandia, Taiwan o Corea del Sur.

Es verdad. La India y China son dos excelentes ejemplos de economías que crecen a un ritmo vertiginoso. Y me parece acertado señalar que la causa es la aplicación del libre mercado y la incorporación de estos países al mercado internacional. Ahora bien, aunque China presente un ritmo récord de crecimiento económico, a nadie se le escapa que la pobreza (la extrema pobreza, en ocasiones) es un factor que define muy bien a la gran mayoría de su población. El radiante progreso de Shangai o Pekín es una isla en un mar de pobreza que Esperanza obvia con cierto cinismo.

Lo obvia porque, como buena (neo) liberal, eso ya no le preocupa. Es evidente que el libre mercado es una máquina formidable de crear riqueza. El problema es que, partiendo de sus principios, esa riqueza no tiene por qué estar justamente repartida. La globalización no hace a los ricos más ricos y los pobres más pobres; hace a los pobres algo menos pobres y a los ricos inmensamente más ricos. Eso, en todo caso, es mejor que la mayoría de las alternativas.

En mi opinión, el neoliberalismo actual consiste llevar el libre mercado hasta el extremismo. Y todo extremismo es poco aconsejable. Al igual que la libertad de expresión exige ser regulada (una amenaza de muerte no se puede consentir, como tampoco verter información falsa sobre otra persona), o cualquier otra forma de libertad requiere límites e instituciones que se encarguen de regularlas, así la libertad económica necesita exactamente lo mismo. El libre mercado es un excelente instrumento para crear riqueza (y por lo tanto para acabar con la pobreza), pero una sociedad que se precie de ser libre necesita igualmente ser justa. Y el mercado, dejado a su antojo, puede crear riqueza, pero no justicia.

Por otra parte, estas aportaciones en la prensa escrita me parecen enriquecedoras. Si en los próximos días representantes de ideas opuestas escriben artículos en respuesta a este, estaremos asistiendo a un verdadero debate en torno a ideas importantes. Acostumbrados a la bajeza e insignificancia del debate político habitual, que suele versar sobre banderas, términos carentes de significado, símbolos, caricaturas… que en ocasiones el centro del debate se sitúe en lo que verdaderamente marca el carácter ideológico de unos y otros es estupendo. Pero tranquilos, ya volveremos a hablar de intrascendencias: quedan muchos estatutos por aprobar…

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