La democracia estadounidense tiene –seguramente- un montón de defectos. Como todas, por otra parte. El ya consabido bipartidismo es uno de ellos. El alto coste de las campañas políticas, otro. Pero conforme observo la marcha de su política, elecciones tras elecciones, me convenzo de que el sistema democrático norteamericano es mucho mejor que el que tenemos aquí. No es por nada que lleve más de dos siglos funcionando sin parar.
Las elecciones del martes pasado son una de esas cosas que me parecen estupendas. A mitad de un mandato presidencial, elecciones legislativas. Si hay descontento sobre el presidente de turno, su poder se puede limitar el resto del mandato. Ayer pasó eso. Ambas cámaras dieron un vuelco y tanto Rumsfeld como Bush –en sendos actos que les honran- reaccionaron. El primero dimitió. El segundo ya ha dicho que está dispuesto a escuchar propuestas sobre Irak. Los votantes le obligan. Se llama democracia.
Pero las elecciones del martes no fueron sólo al Congreso y al Senado. También se eligieron gobernadores. Y también se celebraron más de 200 referéndums. Algo impensable aquí. Los ciudadanos decidieron sobre matrimonios homosexuales, aborto o investigación sobre células madre, entre otras cosas. Democracia, se llama.
¿Por qué por estos lares no nos apuntamos a estas costumbres? ¿Por qué copiamos Halloween y algunas –dudosas- artes culinarias y no esa sana costumbre de preguntar al pueblo para ver qué opina? Allí es normal. Como lo es que un Presidente admita sus errores o que haya unas elecciones importantes cada dos años.
Los demócratas le dieron un vuelco al Congreso y parece que también al Senado. Así que a Bush se le tuercen los planes y poco podrá hacer en sus dos últimos años como Presidente. Quizá el mayor interés político será ir vislumbrando quiénes serán los dos próximos candidatos. ¿Hillary? ¿John? ¿Rudolph? ¿Obama? ¿Condolezza?
Sea quien sea, no será elegido a dedo.
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Jota ↓
Pues sí la verdad es que eso de tener 200 años de historia y que no se haya conocido el poder absoluto como estado hace que un pueblo comprenda qué es la democracia. Aquí de eso no nos enteramos, y ya no sólo no admiten sus errores nuestros políticos, sino que directamente se mete la mano en el erario público y se amañan los contratos sin problemas.