Resoluciones como la que aprobó el Consejo de Derechos Humanos el otro día deberían provocar un rechazo contundente en Europa. Pero no lo hacen. Lejos de eso, lo que la Unión trata de hacer es convertir ese nuevo mandamiento islámico del “no me ofenderás” en política de estado.
Miembros de la Unión Europea han confirmado la existencia de un libro clasificado que ofrece frases “no ofensivas” para anunciar operaciones anti-terroristas o tratar con ataques terroristas. Los términos prohibidos incluyen “Yihad”, “Islámico” o “Fundamentalista”.
Frases no ofensivas para no ofender a aquellos regímenes que financian y apoyan a los terroristas que “abusivamente invocan al Islam”, que es, huelga decirlo, la forma en la que la Unión quiere que nos refiramos a esta gente.
La corrección política alcanzando nuevas cotas de estupidez. Me resulta triste estar siempre en estas cuestiones más de acuerdo con el lado conservador, pero tiene razón Syed Kamal cuando dice:
La mayor amenaza terrorista del mundo es una marcada por la ideología, y esa ideología está inspirada por el Islam yihadista fundamentalista.
Es una realidad, y no querer verlo es eso, no querer verlo. Sobre todo cuando esos terroristas no son precisamente pocos, y cuando los regímenes que los financian tampoco son pocos y cuando, peor aún, el peor de ellos es amigo y aliado de los que más dicen luchar contra el terrorismo.
Unos queremos convertir la corrección política en religión. Otros tienen dos o tres o cuatro varas de medir a los regímenes totalitarios y filoterroristas. ¿Pretendemos, de verdad, acabar con la amenaza?