Ya que estamos inmersos en San Fermín y su historia, no estaría mal saber en que consiste un encierro, más concretamente, un encierro en Pamplona. Si quieres que lugares emblemáticos como la Cuesta de Santo Domingo o la calle de Estafeta dejen de sonarte a chino échale un vistazo a esta guía rápida.
Todo comienza a las ocho de la mañana. Las calles del recorrido son valladas cada día para que ni corredores ni animales se extravíen y terminen dando un susto al más pintado. Tras el chupinazo de rigor, se abre el portalón del redil donde esperan la friolera de 6 toros de lidia de unos quinientos kilos acompañados de nueve toros mansos o cabestros, lo que hace un total de 15 animales que junto a los pastores, encargados con sus largas pértigas de mantener uniforme la manada y evitar que retrocedan, corren hacia el primer tramo del recorrido. La Cuesta de Santo Domingo es una pronunciada cuesta arriba en curva a la izquierda y supone el primer contacto con el adoquinado de los astados, que nunca han visto tantas personas juntas. Es un lugar peligroso, donde el despiste de los animales y la violencia inicial pueden provocar situaciones muy comprometidas para los corredores. El siguiente tramo nos deja en la Plaza del Ayuntamiento, un largo corredor que trazado en diagonal donde probablemente se divida la manada, en curva entrando en un tramo corto también terminado en curva, la célebre calle de los Mercaderes, donde tradicionalmente suelen resbalar los morlacos y chocar contra las tablas, imagen impresionante donde las haya, y zona de alto riesgo. El encierro prosigue por la mítica calle Estafeta, calle prolongada y estrecha, donde los animales llegan cansados y su reacción puede ser muy variable, siendo una zona donde los corredores deben estar muy alerta. La siguiente curva a la izquierda antes de enfilar cuesta abajo el callejón es el llamado tramo de Telefónica. Se trata de un lugar especialmente peligroso, donde se incrementa el número de corredores y se acelera la marcha de los morlacos, lo que puede provocar más de un incidente, el peligro es máximo. Una imagen propia del lugar es el corredor que periódico en mano, guía a los toros, algo que sólo es correcto cuando se atienden las indicaciones de los pastores. La descoordinación puede provocar igualmente caídas y encuentros inesperados con los astados. Calle abajo ya sólo nos queda el Callejón que desemboca en las arenas del coso pamplonés. Toros y mozos ya andan lo suficientemente cansados como para cometer despistes y errores, y el estrechamiento que supone provoca a veces “montones”, montañas humanas en el umbral a la plaza que los toros traspasan saltando sobre ellos. Finalmente los toros son conducidos a corrales, y a continuación se sueltan vaquillas para el deleite taurino del personal. Todo ello suele durar entre dos a cinco minutos. Por la tarde, los 6 astados son lidiados en la correspondiente corrida.
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